Puro sentimiento. Jesús Julio Eduardo Millalonco le pelea a todas las contras, a la realidad no feliz y porque quiere ser el mejor, sin puntos intermedios. Su estilo frontal y agresivo, casi callejero pero inteligente, lo puso en la lupa en el Campeonato Nacional de Mayores en Puerto San Julián. Y así corriendo en los ratos libres o nadando en el mar frío, se hizo popular y no pasó desapercibido.
Disfruta la continuidad y el aprendizaje, en busca de un estilo que lo termine definiendo como boxeador. “Antes de viajar al Nacional me agarró resfrío y alergia al mismo tiempo. Me hice vapor con eucalipto, y me llevé preparado un jarabe de miel con cebolla que tomaba todas las mañanas en ayunas. Es cierto que en los días libres, salía a correr para limpiarme y tener más aire”.
“Me metí en el mar pero lo hice para la fatiga a los músculos, como hacen Canelo (Alvarez) y los grandes que se meten en piletas de hielo. Yo preferí aprovechar la naturaleza”, bromeó Millalonco, de 30 años, pupilo del ex profesional Fabián «Motita» Torres en el gimnasio «Puños del Sur» en Río Gallegos.

“Poder estar en un Nacional fue hermoso. No tocamos la lona, ni nos contaron. Primero me quedé con la cabeza gacha por salir tercero, yo quería ser campeón. Peleé con pibes que tenía más experiencia, juventud y buen guanteo, algo que yo no tuve porque acá los técnicos son cerrados y hay una gran desunión”. Lo vive y lo demuestra, con los guantes puestos el guerrero santacruceño se reconfigura hasta sentirse invencible. “Cuando me subo al ring me siento como Aquiles llamando a Héctor en Troya, siento que se viene una guerra y que mi cuerpo se prende fuego. Es una adrenalina tremenda. Para qué voy a mentir”.
Millalonco descubrió el calor de los puños en el 2013 en su barrio, el 17 de Octubre a instancias de su hermano; apenas entrenó tres meses para debutar en un torneo. “Peleé y gané, salí por todos lados en bicicleta para contarle a mi familia que había boxeado. Al otro día subí todo roto y sin piernas”.
“Cuando empecé con el boxeo se achicó mi círculo. No me junto con nadie. Mi vida es trabajar, salir a correr; estar con mi señora y mi hijo y entrenar. Es trabajo, gimnasio y mi casa que estoy tratando de construir”. Y asume que los comentarios negativos terminaron alimentando su motivación. “Se hablaba de mi edad y de que ya no iba a poder. Nunca me rendí. Mi abuelo era de Chile, le decían “Comino” y a lo igual que mis tíos abuelos, fueron todos boxeadores. Yo me enteré ahora, de grande. De chico peleaba mucho en la calle; hacía “carrito” y por mi estatura, solían pegarme hasta que empecé a defenderme. Siempre me peleaba con dos o tres o contra uno más grande. Ahora me aplauden por pelear, con reglas y bien legal”.
“Cuando me subo a pelear es nada, porque siempre pelee contra muchas cosas” propone Jesús, un peleador que se nutre del esfuerzo y que se entrena con el viejo manual, bien de barrio, puro corazón. trabaja como Auxiliar de Educación pero no le esquiva a ninguna «changa» que refuerce su economía. “Estar ahí arriba siempre es ganar para mí”, agrega. “Si le tengo que pegar a todos en Santa Cruz, lo voy a hacer. Y no es por no ser humilde. Solamente quiero ser el mejor. Cómo no voy a lograrlo?”. Fotos Mauricio Rebolledo.
