El 2.024 para el boxeo amateur dejó pocos aspectos a resaltar. El proceso de renovación parece mostrarse como una alternativa a futuro pero del mismo modo, condiciona el nivel de competencia, únicamente enfocado en una medida local que no despega hacia otros planos.
De hecho, Comodoro Rivadavia no ha tenido una presencia destacada en dos campeonatos nacionales que se disputaron a pocos kilómetros: el Juvenil efectuado en Playa Unión, Rawson y el de Mayores en la santacruceña Puerto San Julián. Ni siquiera la cercanía sedujo a los principales proyectos de la ciudad.

La elección de prioridades que involucra a entrenadores no tuvo en cuenta, la experiencia que pudo haberse dado a partir de una prueba con rivales de otras provincias y en otro plano de exigencia. Y esa visión que terminó siendo un reflejo de la realidad, privó a la ciudad de involucrarse en eventuales medallas y oportunidades de trascender. Resulta llamativo que del acompañamiento y el respaldo que le ha brindado el Ente Comodoro Deportes a la actividad, no surja un compromiso real de “probarse” en otro nivel boxístico.
Hay una larga lista de amateurs con proyección que deberían trascender en el 2025: Eric Cheuque –de poca actividad- y Ciro Barrientos provienen de las artes marciales y han marcado la tendencia en un panorama incipiente. Lautaro Ramallo; Tomás Salatti, Ciro García, Marcos Mañao, Lautaro López, Geremías Gómez, Lautaro Paniagua, Jesús Alvarez, Julián Oñatibia y Diego Mamaní Molina componen una nómina excesivamente futurista y que deberá esperarse tras el lógico proceso.

En cuanto a la rama femenina se destacaron Aylén Aguirre quien recién tuvo actividad en el segundo semestre y tras ser rápidamente eliminada en el Nacional de San Luis. Regresó con un empate ante Milagros González y dos triunfos ante la chilena Lemus de uno y otro lado de la frontera. Jocelyn Balboa ha tomado al boxeo como una de sus múltiples opciones deportivas y buscará convertirse en profesional en el año por iniciarse. Carolina Aravena; Morena Morales y la dominicana Jade Correa asoman como figuras incipientes que deben terminar de explotar mientras que en el polo opuesto, Mariana Navarro apuesta a la vigencia y el esfuerzo para al menos una vez, subir a combatir sin cabezal.
Se impone un salto de calidad, un intercambio de conocimiento por parte de los responsables técnicos de boxeadores ; un compromiso real; lineamientos unificados y una mayor valoración de los apoyos que se reciben, utilizando una sola “receta” para saltar definitivamente la barrera de una competencia diferente a la que no se le debe tener miedo. Sobre todo cuando hay materia prima y una escuela que se debería imponer con los recursos de hoy. I. Tebes/PdS.